La Potencia es como una carta de amor que escribiste pero nunca mandaste: existe, duele, pero nadie lo sabe.
Existe un cartero llamado Judson.
Su trabajo es entregar cartas de potencias no actualizadas. Cartas que contienen universos que jamás existieron. Galaxias que nunca se formaron. Vidas que nunca se vivieron.
La Esencia Primordial contiene en potencia TODA posibilidad de ser y existir que pudiera jamás manifestarse: Espacio-Tiempo, Materia-Energía, y Consciencia .
Judson entrega una carta a un hombre llamado Daniel.
Daniel la abre. Adentro hay un universo. En ese universo, Daniel fue un músico extraordinario. Su música cambió el curso de la historia. Fue amado por millones. Murió a los 92 años, sabiendo que su vida había importado.
Pero ese universo nunca fue actualizado. Nunca fue elegido por los dioses del Nivel 1 y 2 de la realidad.
En este universo, en el que Daniel sí existe, Daniel es un contador de seguros. Es mediocre. Es olvidado.
«¿Por qué me muestras esto?», pregunta Daniel con las manos temblando.
«Porque la Potencia de Consciencia es capaz de conocer todos los universos que podría haber sido,» responde Judson. «Y alguien tenía que entregarte esa carta. Alguien tenía que decirte que exististe en potencia en un lugar mejor.»
«Eso es cruel.»
«Sí,» dice Judson. «Bienvenido a la existencia.»
Judson continúa entregando cartas. Cada una más devastadora que la anterior. Cada una diciéndole a la gente qué extraordinarios fueron en universos paralelos que nunca ocurrieron.
Una mujer abre una carta y ve que fue presidenta de una nación libre, justa, donde terminó la pobreza.
Un niño abre una y ve que fue amado sin condiciones, que creció sin trauma, que fue feliz.
Judson camina por calles que no existen para entregar correo de realidades que no se materializaron.

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