El Orden es como la danza de un CEO: parece estar en control pero realmente solo sigue pasos programados.
Una mujer baila en el vacío. Su nombre es Irene. Sus pasos no tienen sonido porque el sonido aún no existe. Su cuerpo no es visible porque la luz aún no fue actualizada.
Irene es la bailadora del Principio Ordenador Cósmico.
El POC es el patrón inteligible mediante el cual la Esencia Primordial se actualiza en formas determinadas. Es el Logos—la Razón, el Orden, la Estructura Inteligente que determina cómo la potencia infinita se manifestará en formas finitas .
Irene baila, y con cada movimiento, actualiza una ley física. Gira su cadera: la gravedad existe. Levanta un brazo: el tiempo comienza. Salta: la materia y la energía se dividen en dos aspectos diferenciados.
Un filósofo llamado Kant—que de alguna manera está observando esto desde un Supermercado en Valencia—la mira.
«Disculpe,» le dice Kant a Irene, «¿usted decide qué orden va a prevalecer en el universo?»
«No decido,» responde Irene sin detenerse de bailar. «Solo bailo. El orden es mi propio movimiento. El universo es mi coreografía, pero no porque yo lo haya escrito. Solo porque es el único baile que puedo bailar.»
«Entonces, ¿existe libertad?», pregunta Kant.
«Existe la libertad de actualizar lo que ya estaba potencialmente destinado a ser actualizado,» dice Irene, haciendo un arabesco que causa que millones de galaxias se formen. «Eso es suficiente para un ser como yo.»
Kant lo piensa. Y entiende: no existe libertad sin estructura. Pero tampoco existe orden sin libertad. Son lo mismo. La danza de Irene es el único equilibrio posible entre caos y determinismo.
Luego Kant se despierta en el supermercado (siempre se despierta en el supermercado).
Un guardia de seguridad le pregunta: «¿Está buscando algo, señor?»
«Sí,» responde Kant. «Estoy buscando evidencia de que existe un Principio Ordenador Cósmico que hace que las personas como yo caminen por supermercados como este, sin saber por qué.»
El guardia no responde. Simplemente lo apunta hacia la salida. Ambos están bailando la coreografía del capitalismo sin saberlo.

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