Potencialidad es como un Netflix original: promete todo, entrega nada aún, y a ti te toca pagar la suscripción.
En una habitación sin paredes (pero que alguien había alquilado el mes anterior), una mujer llamada Antígona—aunque podría no existir—trabaja en el parto de la realidad.
No está «pariendo» un bebé. Está pariendo la posibilidad de que haya bebés. Es obstetra de aquello que aún no es, pero ya pesa 14 kilos en la balanza del ser.
La Esencia Primordial representa el estado fundamental de la realidad anterior a toda manifestación, donde tres aspectos que experimentamos como separados coexisten en potencia absoluta: Espacio-Tiempo Potencial, Materia-Energía Potencial y Potencia de Consciencia .
Antígona ve esto desde el otro lado. Ella es la partera que sostiene la mano de la Esencia Primordial mientras grita de placer-dolor al expulsar el universo. «¡Respira!», le dice al Infinito. «¿De qué me sirve respirar si no tengo pulmones aún?», replica la Esencia en tono de broma cósmica.
La chiste que Antígona cuenta en la cantina es simple: «La potencialidad es como tener acceso premium a una tienda que aún no existe. Puedes imaginar todo lo que comprarías —galaxias, electrones, la sonrisa torcida de tu amante— pero mientras no hagas clic en ‘confirmar compra’, el universo sigue siendo un catálogo colgado en la nada.»
Aquí, Marx habría llorado. No porque exista plusvalía, sino porque ni siquiera hay valor aún. La Esencia Primordial es la única realidad cuya esencia es su existencia, sin separación entre lo que es y el hecho de que sea —pero eso es exactamente lo que el capitalismo pretende romper. Quiere separar la esencia de la existencia. Quiere que creas que el trabajo («esencia» de tu valor) es diferente de tu salario («existencia» de tu valor). La Esencia Primordial se ríe de esto desde un lugar anterior al chiste.

Deja un comentario