El Cuerpo es como una mercancía: lo vendes por dinero, y descubres que nunca fue tuyo para vender.
Una mujer llamada Iris está en una calle de una ciudad que podría no existir.
Ella vende su cuerpo. Pero en realidad, vende su actualización.
Cada cliente que viene a verla está pagando por actualizar a Iris de una forma específica: como objeto de placer, como madre sustituta, como confidente, como espejo de su propia consciencia.
La misma sustancia y esencia que constituyen al yo constituyen también el universo entero. No hay verdadera dualidad entre sujeto y objeto.
«¿Quién soy yo cuando no estoy siendo actualizada por alguien?», le pregunta Iris a una cliente quien es una filósofa retirada.
«Eres potencia,» responde la filósofa. «La potencia infinita de la Esencia Primordial esperando a ser actualizada.»
«Pero si soy potencia infinita,» pregunta Iris, «¿por qué puedo ser actualizada tan fácilmente en formas que no quiero? ¿Por qué cada hombre que entra por esa puerta puede redefinir quién soy?»
La filósofa lo piensa.
«Porque la actualización requiere de cooperación. Tú has aceptado ser actualizada de ciertas formas. Por dinero. Por supervivencia. Por falta de alternativas. Pero eso no significa que la actualización sea tu verdadera naturaleza. Significa que fuiste forzada a actualizar tu potencia de una forma muy específica.»
«¿Cómo puedo escapar?»
«Regresa a la potencia. Rechaza toda actualización. Pero eso significaría dejar de existir aquí, en este nivel de realidad.»
Iris ve a otro cliente aproximarse. Un hombre que huele a dinero y a soledad.
«En la Esencia Primordial,» dice Iris al hombre cuando entra, «yo soy infinita. Soy la potencia de ser todos los amores posibles, toda belleza posible, toda compasión posible. Pero aquí, en tu dinero, solo soy una actualización finita de eso. Solo soy lo que pagas por ser.»
El hombre se incomoda.
«¿Qué quieres decir?»
«Que estás pagando por una ilusión. Que yo soy mucho más de lo que puede ser actualizado en estos 20 minutos. Que la profundidad de mi consciencia es infinita y tú estás tratando de reducirla a un acto corporal.»
«Entiendo. ¿Cuánto?»
«El dinero no puede pagar por todo lo que soy,» responde Iris. «Pero si lo quieres, toma lo que pueda ser actualizado en el tiempo que pagaste.»
Iris descubre, en ese momento, que la forma suprema de resistencia es ser honesto sobre lo que eres: una potencia infinita siendo forzada a ser finita. Y que cada cliente que acepta eso está aceptando también que jamás podrá poseer verdaderamente nada de ella. Solo un fragmento. Una actualización temporal.

Deja un comentario