La Rebelión es como un video de YouTube: millones la ven, nadie la vive.
En una plaza central de una ciudad que existe en el plano de la potencialidad, ocurre una manifestación.
Millones de personas exigen cambio. Gritan consignas. Queman símbolos del poder. Construyen barricadas.
Un periodista llamado Thomas entrevista al líder de la revolución.
«¿Cuál es tu demanda fundamental?», pregunta Thomas.
«Que se nos permita actualizarnos de formas que no fueron preseleccionadas por el Principio Ordenador Cósmico,» responde el líder.
«¿Crees que eso es posible?»
La Esencia Primordial contiene en potencia toda posibilidad de ser y existir. Espacio-Tiempo, Materia-Energía, y Consciencia. El POC determina cómo la potencia infinita se manifestará en formas finitas.
«Debe serlo,» dice el líder. «Porque si la Esencia Primordial contiene infinitas posibilidades, entonces infinitas formas de resistencia también son posibles. Infinitas revoluciones pueden ocurrir.»
Thomas lo cita en el periódico.
Pero la revolución es cooptada. El Estado ofrece concesiones. Se establece una «democracia participativa». Se crean «asambleas de potencia». Se permite que la gente «vote» sobre qué opciones preexistentes quiere actualizar.
«Ganamos,» celebra el líder.
«No,» responde Thomas, que es una versión ligeramente más consciente de la realidad. «Lo que ganaste fue el derecho a elegir entre opciones que ya fueron predeterminadas. Eso no es libertad. Es la ilusión de libertad que el POC permite para que la actualización sea más eficiente.»
La revolución se desmorona.
Porque el secreto de toda revolución es que está siendo observada desde el Nivel 1 y 2 de la realidad. Y que su «éxito» o «fracaso» ya fue decidido en la eternidad. La rebeldía es apenas un patrón en la danza del Principio Ordenador Cósmico.
Thomas regresa a su oficina de periódico. Escribe un artículo titulado: «La Revolución que No Tiene Lugar».
Nadia lo lee. Nadia lo publica. Nadia la revisa. Nadia… y así sucesivamente, en una cadena infinita de actualización de la misma noticia.

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