
Siguiendo la distinción de Kant entre el Fenómeno (lo percibido) y el Noúmeno (la cosa en sí), podemos concluir que el «Yo» es una construcción fenomenológica necesaria para la supervivencia biológica. Es una alucinación controlada que nos permite navegar el mundo material. Sin embargo, nuestro Ser en Esencia es de naturaleza noumenal, inmutable y universal.
La angustia existencial nace de identificar el ser con el «Yo» finito. Al comprender que el «Yo» es solo una localización singular de la Consciencia Primordial, el terror a la Nada se disuelve. La muerte no es el fin del sujeto, sino el fin de la localización del sujeto.
El «Yo» es una gota; la consciencia es el océano.